Cualquiera que haya conocido a nuestra amiga Teresa no puede dejar de sentirse impresionado por su disponibilidad hacia los demás, sin reservas, por su extraordinaria humanidad, por la profunda empatía hacia aquellos que se dirigían a ella para resolver un problema, desde las patologías rutinarias hasta las más graves.
Una larga vida, llena de experiencias y satisfacciones, como la suya, no puede ser más que una
bendición.
Te extrañamos mucho, querida Teresa, y te enviamos nuestro último y más cariñoso saludo.